Unknown Armies. Tres Caballos.

LA EXTRAÑA MODA DE LOS CASCABELES

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El hijo de los Morrigan está enamorado. Todo el mundo en Amarillo sabe lo que es eso, y miran al joven de 14 años con simpatía, cuando se arregla para ir a ver a Lia. Poetas, músicos, cuentacuentos, cineastas y artistas de toda índole han intentado reflejar en sus obras lo que es el amor. Ninguno de ellos, jamás, ha logrado un consenso sobre su definición y, sin embargo, todos pueden ver en Amarillo que es bueno. Algunos piensan que no durará, otros que será un amor que marcará a ambos niños de por vida. Da igual el resultado o el producto que salga de ese amor. Lo importante es que el joven no sabe muy bien cómo demostrar su amor, así que deja que su madre le vista de forma vergonzosa, y acude con un regalo a casa de la joven Lia. No es un regalo caro. Ni siquiera es bonito. Es el regalo que puede hacer. Cuando Lia abre la cajita, sonríe avergonzada. Antes había hecho un chiste sobre el peinado (o quizás fuese la ropa) del joven que la cortejaba con timidez. Pero aceptó el regalo, porque ella también sentía algo, y porque le gustaba lo que sentía. Por eso, mientras su madre la espiaba con cariño por una ventana, besó avergonzada la mejilla del joven Morrigan, y se colgó del cuello un viejo cascabel…

La vieja Benson farfulla y busca con desesperación alguna cajetilla de tabaco que aún tenga en su interior un cigarro que le alivie la resaca. La espiral de depresión se está agudizando con los años, y ya tiene 60. Mientras, temblorosa, enciende el cigarro (que finalmente encuentra) piensa en lo que tiene que hacer. Algún experto le dijo que debía intentar ordenar su vida, tener un horario exigente, buscar proyectos… Todos los días comienzan igual: brilla el sol, tiene algún propósito en la vida, comienza a recoger el desastre que es su casa… pero los recuerdos llegan rápido. Un amor perdido. Malas decisiones. Abandono de sus seres queridos… y entonces es cuando el alcohol viene al rescate. El alcohol y los gatos, son lo único que pueden aliviarla. Suena un cascabel y reconoce su sonido: “Enseguida te preparo tu comida”. Fluffy es siempre el primero en llegar. Detrás, no tardará en aparecer una manada de 14 gatos. La vieja Benson piensa mucho en ellos. En sus vidas… Querría la suerte de sus gatos. Quizás por eso, desde hoy, ella también se colgará un cascabel del cuello.

A Ron le preocupa algo. Profundamente. Por supuesto, es demasiado orgulloso como para hablar de ello. Y mucho menos con Lucy. Al fin y al cabo, ella no es nada de él. Siempre ha habido entre los dos una extraña tensión. Al principio, Ron trataba a Lucy como un padre a su hija. Quizás, incluso, como un abuelo a su nieta (al fin y al cabo, él había reprimido muchas veces sus sentimientos diciéndose a sí mismo que podría ser su abuelo). Pero hace ya un par de años que Lucy cumplió los 28. Ningún joven ha logrado mantenerla a su lado más de un par de semanas, y sin embargo, él, habla con ella todos los días. La realidad es que Ron fue el único que la ayudó cuando apenas era una cría. Le enseñó lo que pudo, que no fueron muchas cosas, y la trató con cariño. Ella está enamorada de él de una forma platónica, y como los amantes prohibidos y secretos, se comprenden mutuamente mucho mejor que cualquier otra pareja en el mundo. Por eso, ella puede leer en Ron su preocupación, y sabe que no hablará de ello. Por eso, del bolsillo, saca un fino cordel con un cascabel en su extremo, y se lo da a Ron junto con el cambio. Ron la mira extrañado, y ella sólo dice “te dará suerte”, mientras sonrojada le da la espalda. Desde ese día, Ron llevará siempre un cascabel colgado del cuello.

Ya han pasado muchos años desde que la URRS ha desaparecido. Tommas no debería tener miedo, y sin embargo, lo tiene. Amaba a la madre Rusia. Más que nada en este mundo. Amaba sus ideales, su fuerza, su decisión… y como todo amor profundo, tenía sus espinas. La burocracia, el ansia de poder de sus gobernantes… un sueño arruinado… Tommas oculta que, en realidad, su apellido es Petrovich. En secreto, durante todos estos años, ha reído y llorado por su amor: su patria perdida. Tanto la quería, que estaba dispuesto a perder su juventud en un país extraño, enemigo… Pero la guerra fría ya había acabado y él había sido olvidado. Por amor a la patria a la que ya no podía volver, predicó desde el ejemplo y el amor, ayudando tanto como pudo a su nueva comunidad, pero tantos años después, su casa es extraña para él, y piensa. Piensa en que ya no tiene por qué ocultarse. Piensa que podría tener su casa llena con los símbolos y textos que ama, como quien guarda el retrato de su mujer muerta. Porque su patria está muerta. Ya no existe, se perdió junto a sus sueños, que intentó realizar en Amarillo. Se dirige a la oficina del sheriff con la intención de confesar. De gritar que es un viejo espía ruso que ya nada pinta en este mundo. Que le metan en la cárcel, o que le dejen vivir en paz. Pero no puede ocultar más su amor secreto por la vieja URRS. Supersticioso, esperando en que el día simplemente quede en una anécdota y mañana su vida continúe con regularidad (aunque le tendrán que empezar a llamar Petrovich), se cuelga un cascabel del cuello, esperando que le de suerte (qué dirían sus antiguos camaradas). La necesitará. Al fin y al cabo, mañana podría estar en la cárcel…

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